Ejecutaciones públicas, tecnología de defensa y la nueva estética autoritaria
Cuando una figura de Fox News convierte una ejecución estatal en un espectáculo por livestream, ya es una señal escalofriante de hacia dónde se dirige nuestra política. Cuando ese espectáculo encuentra admiradores entre poderosos ejecutivos de la industria de defensa y tecnología —personas que construyen las herramientas de guerra, policía y vigilancia— se convierte en algo distinto por completo: una bengala de advertencia sobre el tipo de sociedad que estas élites intentan normalizar.
Mother Jones informó recientemente que la transmisión en vivo por parte de Pete Hegseth de una ejecución por pelotón de fusilamiento ha recibido el apoyo abierto de figuras como Palmer Luckey, cofundador de Anduril Industries, un gigante emergente en armas autónomas y tecnología fronteriza impulsada por IA. Luckey ha declarado con orgullo: “He defendido las ejecuciones públicas durante más de una década”, justificando las ejecuciones “públicas y brutales” como algo positivo.
Esto no se trata solo de un grotesco evento televisivo. Se trata de la convergencia entre los medios de derecha, la tecnología militarizada y el castigo autoritario, y de lo que eso significa para la democracia, los derechos humanos y las comunidades más afectadas por la violencia estatal.
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1. Qué pasó y por qué importa
La historia central es simple e inquietante:
– Pete Hegseth, un comentarista conservador de alto perfil, utilizó su plataforma para convertir una ejecución por pelotón de fusilamiento en una especie de evento mediático.
– En lugar de tratar la ejecución estatal como un acto grave y solemne, la transmisión la presentó como algo cercano al entretenimiento y al teatro moral.
– Después, figuras clave del mundo de la tecnología de defensa —en especial Palmer Luckey— elogiaron públicamente no solo el livestream, sino la idea más amplia de ejecuciones “públicas y brutales”.
Esto importa por al menos tres razones:
1. Normaliza la crueldad: Cuando las ejecuciones se presentan como contenido —algo que ver, comentar y monetizar— se erosiona el tabú en torno a la violencia estatal.
2. Señala apoyo elitista al autoritarismo: Los contratistas de defensa y los emprendedores tecnológicos no son fans cualquiera; están moldeando el futuro de la guerra, la policía y el control fronterizo.
3. Conecta el espectáculo punitivo con la tecnología avanzada: Las mismas personas que construyen drones autónomos y plataformas de vigilancia aplauden las ejecuciones públicas. Esa alineación debería alarmar a cualquiera que se preocupe por las libertades civiles y la dignidad humana.
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2. Contexto: quiénes están involucrados y qué está en juego
Para entender lo que está en juego, conviene saber quiénes son los actores clave y a qué se dedican.
Pete Hegseth y el “livestream de la ejecución”
Pete Hegseth es una cara conocida en Fox News y un promotor de larga data del militarismo y la política de “ley y orden”. Su decisión de presentar y promocionar una ejecución por pelotón de fusilamiento como evento mediático encaja en un patrón más amplio de:
– Glorificar la violencia estatal como signo de fuerza
– Presentar el castigo severo como claridad moral
– Retratar a los críticos de la pena de muerte como débiles, “blandos con el crimen” o antipatriotas
Convertir una ejecución en un livestream difumina la línea entre noticia y espectáculo. También evoca una historia sombría: desde las postales de linchamientos hasta las ejecuciones públicas, Estados Unidos tiene una larga tradición de convertir la violencia estatal o de turbas en un show.
Palmer Luckey, Anduril y el boom de la tecnología de defensa
Palmer Luckey es conocido sobre todo por fundar Oculus (luego adquirida por Meta) y después Anduril Industries, una empresa de tecnología de defensa que:
– Construye drones autónomos y sistemas de sensores impulsados por IA
– Firma contratos con el Departamento de Defensa, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y fuerzas armadas extranjeras
– Se vende como la respuesta de Silicon Valley a un Pentágono “lento”, prometiendo herramientas de guerra más rápidas y ágiles
Anduril forma parte de una ola más amplia de empresas —junto a compañías como Palantir— que combinan macrodatos, IA y seguridad nacional. Estas empresas se presentan como innovadoras y patrióticas, pero sus productos a menudo profundizan la vigilancia y la militarización dentro y fuera del país.
Así que cuando Luckey celebra las ejecuciones “públicas y brutales”, no habla solo como un ciudadano privado con gustos personales oscuros. Habla como alguien cuyo negocio es armar al Estado, especialmente de formas que automatizan y amplían su poder.
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3. Un análisis progresista: castigo, poder y espectáculo
Desde una perspectiva progresista, esta historia no es un escándalo aislado. Es una ventana a un proyecto autoritario más amplio.
Normalizar la violencia estatal como entretenimiento
Las ejecuciones públicas —ya sea en las plazas medievales o en livestreams modernos— siempre han cumplido un propósito político: dramatizar el poder del Estado y la supuesta rectitud de su violencia.
Al transmitir una ejecución, Hegseth y sus partidarios:
– Reconfiguran la muerte como espectáculo moral: Se invita a la audiencia a ver la muerte como justicia, cierre o incluso catarsis.
– Deshumanizan a la persona condenada: Su historia de vida, su contexto o incluso una posible inocencia pasan a segundo plano frente al espectáculo.
– Insensibilizan al público: Cuanto más vemos la violencia estatal tratada como contenido normal, más fácil se vuelve aceptar otras formas de crueldad.
Para los progresistas, la preocupación no es solo por ejecuciones individuales. Es por el giro cultural más amplio hacia aceptar —e incluso disfrutar— la brutalidad estatal como parte de nuestra dieta mediática.
El Estado carcelario se encuentra con el militarismo de alta tecnología
La alianza entre ejecutivos de tecnología de defensa y figuras mediáticas punitivas no es accidental. Refleja una visión del mundo compartida:
– Los seres humanos son amenazas que hay que gestionar, no individuos con derechos.
– La seguridad y el orden justifican casi cualquier nivel de fuerza.
– La tecnología y la violencia son herramientas de control social, no últimos recursos.
Empresas como Anduril y Palantir ya se benefician de:
– Fronteras militarizadas: Torres de vigilancia autónomas, rastreo impulsado por IA y drones que monitorean a migrantes.
– Policía e inteligencia: Software que agrega datos, predice “riesgos” y permite una aplicación de la ley más agresiva.
– Guerras en el extranjero: Herramientas que facilitan librar conflictos remotos con baja rendición de cuentas.
Cuando líderes de este sector abrazan las ejecuciones públicas, refuerzan una lógica peligrosa: si el Estado puede matar en público y con orgullo, ¿por qué debería haber límites a lo que puede vigilar, detener o bombardear?
Estética autoritaria y guerra cultural
También hay un ángulo cultural. Las ejecuciones públicas encajan perfectamente en la estética de “dureza” y “retribución” de la derecha:
– El castigo severo se convierte en una credencial de seriedad.
– La misericordia, la rehabilitación y el debido proceso se presentan como debilidad.
– La violencia se recodifica como claridad moral.
Es el mismo ecosistema que celebra la brutalidad policial, demoniza los movimientos de protesta y pide despliegues militares contra civiles. El livestream de la ejecución es una pieza más de ese rompecabezas.
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4. Por qué esto importa para la justicia social y los valores progresistas
En el corazón de la política progresista hay una convicción sencilla: toda persona tiene una dignidad inherente, y el poder del Estado debe estar limitado por los derechos humanos, el debido proceso y la igualdad.
Las ejecuciones públicas y quienes las aplauden amenazan esa convicción en múltiples frentes.
Apuntar contra los más vulnerables
La pena de muerte en Estados Unidos no se aplica de manera uniforme. Recae con más fuerza sobre:
– Personas pobres que no pueden pagar una defensa legal sólida
– Comunidades negras y latinas
– Personas juzgadas en jurisdicciones con largas historias de racismo y sobrepoliciamiento
Convertir las ejecuciones en espectáculos públicos no hace el sistema más justo; duplica su crueldad. Invita al público en general a respaldar los castigos más duros del Estado contra las personas que ya margina con más fuerza.
Expandir la lógica del castigo
Una vez que aceptamos que el Estado puede matar públicamente en nombre de la “justicia”, se vuelve más fácil justificar:
– Condenas más largas y condiciones más duras en las prisiones
– Más policía y más vigilancia
– Respuestas más militarizadas a problemas sociales como la adicción, la falta de vivienda y la protesta
En este sentido, el livestream de la ejecución no trata solo de la muerte de una persona. Se trata de legitimar un sistema punitivo más amplio que socava la justicia social en cada paso.
Autoritarismo impulsado por tecnología
Los progresistas llevan tiempo advirtiendo sobre los peligros de fusionar el poder tecnológico sin regulación con la violencia estatal. Cuando ejecutivos de tecnología de defensa respaldan abiertamente el castigo brutal, esas advertencias se vuelven aún más urgentes.
Si quienes diseñan armas autónomas, IA fronteriza y herramientas de “policía predictiva” ven las ejecuciones públicas como un bien positivo, deberíamos preguntarnos:
– ¿Cómo diseñarán sus sistemas?
– ¿Qué vidas considerarán prescindibles?
– ¿Qué salvaguardas se resistirán a aceptar?
La respuesta, históricamente, es que las comunidades marginadas soportan el peso de la experimentación y el abuso.
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5. Qué puedes hacer y cómo mantenerte informado
Esta historia es perturbadora, pero no es motivo para rendirse. Hay pasos concretos que la gente puede dar para resistir la normalización de la violencia estatal y el autoritarismo impulsado por la tecnología.
1. Apoya a las organizaciones que luchan contra la pena de muerte y la violencia estatal
Considera apoyar o seguir a grupos que:
– Trabajan para acabar con la pena de muerte (por ejemplo, Equal Justice USA, Death Penalty Information Center)
– Enfrentan el encarcelamiento masivo y la violencia policial (por ejemplo, Movement for Black Lives, organizaciones abolicionistas locales)
– Defienden las libertades civiles y la privacidad (por ejemplo, ACLU, Electronic Frontier Foundation)
Estas organizaciones ofrecen recursos, campañas y formas de involucrarse a nivel local.
2. Exige responsabilidad en el sector tecnológico
Si trabajas en tecnología, academia o políticas públicas:
– Defiende lineamientos éticos que prohíban colaborar con proyectos que expandan el poder letal o carcelario del Estado.
– Apoya la organización de trabajadores dentro de las empresas tecnológicas para resistir contratos con agencias como ICE, CBP o fuerzas armadas implicadas en abusos.
– Respalda leyes y regulaciones que aumenten la transparencia y limiten la IA y la tecnología de vigilancia.
3. Cuestiona la cultura del espectáculo punitivo
En conversaciones, aulas y redes sociales:
– Rechaza compartir o amplificar contenido que convierta las ejecuciones o la violencia estatal en espectáculo.
– Destaca las historias humanas de quienes son objeto de la pena de muerte y de la policía.
– Difunde narrativas centradas en la justicia restaurativa, la rehabilitación y la seguridad comunitaria sin castigo.
4. Mantente informado y crítico
La alfabetización mediática es crucial. Cuando veas noticias sobre crimen, castigo y seguridad nacional:
– Pregunta quién se beneficia de castigos más duros o de una vigilancia ampliada.
– Busca coberturas de medios que centren los derechos humanos y el análisis estructural, no solo los detalles sensacionalistas.
– Lee reportajes de investigación que conecten los puntos entre empresas tecnológicas, contratos gubernamentales y libertades civiles.
El artículo de Mother Jones sobre el livestream de la ejecución de Hegseth y sus admiradores en la industria de defensa es un buen ejemplo de este tipo de periodismo. Muestra cómo se cruzan los medios, la tecnología y el poder estatal, y por qué debemos prestar atención.
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El impulso por normalizar las ejecuciones “públicas y brutales” no es solo un escándalo moral; es un proyecto político. Busca endurecer el corazón del público, expandir el poder del Estado y despejar el camino hacia un futuro en el que las herramientas de alta tecnología y la crueldad de siempre trabajen de la mano.
Resistir ese futuro implica insistir en la dignidad de cada persona, cuestionar la fusión entre tecnología y militarismo y negarse a permitir que la muerte se convierta en contenido.
Lee el artículo original de Mother Jones aquí:
https://www.motherjones.com/politics/2026/10/hasan-hegseth-firing-squad-livestream-execution-palantir-anduril-luckey/
Foto de Samuel Regan-Asante en Unsplash
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