En una inusual victoria para la democracia en una era de sabotaje electoral en aumento, la Corte Suprema ha bloqueado el último intento del expresidente Donald Trump de interferir en las elecciones legislativas de 2026. Esta vez, el plan apuntaba al voto por correo, uno de los métodos más utilizados y confiables de los que dependen las y los estadounidenses para emitir su voto.
Lo que está en juego no podría ser más importante. Falta menos de dos meses para el Día de las Elecciones, en un contexto político donde el negacionismo electoral ha pasado de ser algo marginal a convertirse en estrategia de gobierno. Trump y sus aliados llevan años anunciando que intentarían manipular las propias reglas del voto. La decisión de la Corte no solo resuelve una disputa legal técnica; determina si millones de personas —especialmente votantes de clase trabajadora, personas de color, personas con discapacidad y quienes viven lejos de los centros de votación— tendrán realmente voz en quién los representa.
Este fallo recuerda algo que las y los progresistas han sostenido durante mucho tiempo: los ataques a los procedimientos de votación nunca son neutrales. Son jugadas de poder, diseñadas para escoger al electorado en lugar de permitir que el electorado escoja a sus líderes. Y esta vez, al menos, esa jugada de poder fracasó.
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Contexto: Qué intentó hacer Trump y por qué
Según reportó Mother Jones, la última maniobra de Trump giraba en torno a las boletas por correo. Tras años de difamar falsamente el voto por correo como “fraudulento” cuando beneficiaba a los demócratas —y de aceptarlo sin ruido cuando ayudaba a los republicanos—, Trump y sus aliados legales intentaron una nueva táctica: usar los tribunales federales como arma para obligar a los estados a adoptar, a última hora, normas de voto por correo no probadas.
El plan funcionaba así:
– Imponer nuevos requisitos muy tarde en el ciclo electoral. Abogados afines a Trump impulsaron demandas y exigencias legales que obligarían a los estados a cambiar la forma en que procesan y cuentan las boletas por correo: cosas como nuevas reglas de verificación de firmas, plazos más estrictos o requisitos adicionales de identificación.
– Hacer que los cambios sean imposibles de implementar a tiempo. Las autoridades electorales, ya subfinanciadas y saturadas de trabajo, tendrían que rehacer sistemas, volver a capacitar al personal, rediseñar sobres, actualizar las instrucciones para votantes y reprogramar el software de tabulación apenas unas semanas antes de que se enviaran las boletas.
– Dejar que el caos sea el que prive de su voto. El resultado previsible: boletas rechazadas por tecnicismos, votantes confundidos por reglas cambiantes, retrasos en el conteo e incertidumbre generalizada. Incluso si algunas de las reglas se suavizaban o revertían después, muchas personas ya habrían quedado fuera.
Este es un libreto conocido de la supresión del voto: no se prohíbe abiertamente que la gente vote; se hace el proceso tan complicado, confuso y de último minuto que una gran cantidad de personas no logra superar los obstáculos.
Y, lo más importante, el plan no era sutil. Trump lleva años dejando claro que ve el sistema electoral como un enemigo a conquistar, no como una institución cívica que hay que proteger. Desde sus acusaciones infundadas de “fraude masivo” en 2020 hasta sus campañas de presión sobre funcionarios estatales y trabajadores electorales, este último esfuerzo encaja en un patrón de larga data: desacreditar el voto por correo y luego sabotearlo.
A la Corte Suprema se le pidió decidir si estas exigencias de último minuto podían imponerse a los estados a tiempo para las elecciones de medio término de 2026. En su fallo, la Corte dijo, en esencia, que no: no se puede hacer estallar los sistemas electorales en vísperas de la votación y llamarlo “reforma”.
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Un análisis progresista: la Corte, el plan y el poder detrás de todo
Desde una perspectiva progresista, en esta decisión destacan varios temas clave.
1. La Corte reconoció discretamente la realidad: los cambios de último minuto privan de su voto a la gente
Durante años, defensores del derecho al voto han advertido que los cambios de reglas a última hora son inherentemente discriminatorios. Las personas más perjudicadas son quienes tienen menos recursos y menos flexibilidad: trabajadores con horarios rígidos, personas que dependen del transporte público, personas con discapacidad, personas que no hablan inglés y quienes viven en comunidades rurales o en zonas urbanas con pocos recursos.
Al bloquear el plan de Trump, la Corte reconoció implícitamente que no se puede fingir que estos cambios son neutrales. En el derecho electoral existe un concepto conocido como el “principio Purcell”: los tribunales no deberían ordenar cambios importantes cerca de una elección porque confunden a votantes y administradores. Este fallo se alinea con esa lógica y, en la práctica, rechaza el uso del caos como arma política.
2. Esto iba de poder, no de “integridad electoral”
Trump y sus aliados presentaron sus exigencias como una forma de “proteger la integridad” y “prevenir el fraude”. Pero no hay evidencia creíble de fraude generalizado a través del voto por correo. Estado tras estado —incluidos estados gobernados por republicanos— han utilizado boletas por correo de forma segura durante años. En algunos lugares, como Colorado, Oregón y Washington, el voto por correo es el sistema predeterminado y la participación es alta.
Cuando un movimiento político insiste en impulsar “reformas” que buscan resolver un problema inexistente pero que, de manera confiable, reducen la participación de ciertos sectores, hay que llamarlo por su nombre: una maniobra para aferrarse al poder.
Las y los progresistas entienden esto como parte de un proyecto más amplio: el gobierno de una minoría. Si tus políticas son impopulares, tu mejor camino hacia el poder es reducir el electorado y socavar la confianza en las elecciones para que tu base acepte prácticamente cualquier resultado.
3. Esta decisión no significa que la Corte sea de repente aliada de los derechos de voto
No hay que sobredimensionar este fallo. La mayoría conservadora de la Corte Suprema tiene un largo historial de debilitar las protecciones al voto y de empoderar a quienes quieren suprimirlo:
– Shelby County v. Holder (2013) desmanteló partes clave de la Ley de Derecho al Voto, permitiendo que estados con antecedentes de discriminación cambien sus reglas electorales sin supervisión federal previa.
– Brnovich v. DNC (2021) dificultó impugnar leyes de votación discriminatorias.
– Otras decisiones han avalado el gerrymandering partidista y limitado la capacidad de los tribunales federales para intervenir.
Entonces, ¿por qué intervino la Corte aquí? Probablemente porque el plan de Trump era demasiado descarado, demasiado tardío y demasiado desestabilizador: amenazaba no solo a votantes progresistas, sino al funcionamiento básico de las elecciones mismas. Incluso magistrados hostiles a una protección robusta del derecho al voto pueden querer que las elecciones sean lo suficientemente ordenadas como para preservar la legitimidad institucional.
Para las y los progresistas, esto significa que el fallo es un respiro bienvenido, no un punto de inflexión. Las amenazas estructurales a la democracia siguen ahí.
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Por qué esto importa para la justicia social y los valores progresistas
El derecho al voto no es solo un asunto de procedimiento; es un tema central de justicia social. Quién vota determina de quién se toman en cuenta las necesidades, de quién se ignora el sufrimiento y de quién se financia el futuro.
1. Las comunidades más vulnerables son siempre las primeras en ser atacadas
El voto por correo se ha convertido en un salvavidas para:
– Votantes de clase trabajadora que no pueden permitirse perder horas de trabajo un martes.
– Comunidades negras, latinas, nativas e inmigrantes que a menudo enfrentan filas más largas, menos centros de votación y desafíos más agresivos a su derecho a votar.
– Personas con discapacidad y quienes tienen enfermedades crónicas o responsabilidades de cuidado, que tal vez no puedan hacer fila o desplazarse con facilidad.
– Votantes rurales que viven lejos de los centros de votación o tienen opciones limitadas de transporte.
El plan de Trump habría afectado de manera desproporcionada a estas comunidades, sumándose a décadas de supresión del voto mediante depuraciones de padrones, leyes de identificación, cierres de centros de votación y campañas de desinformación.
Proteger el voto por correo es, por tanto, una cuestión de justicia racial, de derechos de las personas con discapacidad, de derechos laborales y de justicia de género (dado el peso desproporcionado de las tareas de cuidado que recae en las mujeres).
2. La democracia es la puerta de entrada a todas las demás metas progresistas
Ya se trate de justicia climática, derechos reproductivos, derechos laborales, vivienda o salud, las y los progresistas no pueden lograr cambios duraderos si el electorado se reduce y distorsiona sistemáticamente. Cuando las élites conservadoras pueden aferrarse al poder con el apoyo de una minoría, tienen menos incentivos para responder a las demandas de justicia de la población.
El plan de Trump sobre las boletas por correo fue otro intento de amañar el sistema para que una base cada vez más pequeña y radicalizada pudiera seguir dominando a una mayoría más diversa y progresista. Bloquearlo no lo resuelve todo, pero mantiene abierta la posibilidad de una democracia más representativa.
3. La legitimidad importa
Cuando la gente cree que las elecciones están amañadas o son inaccesibles, se desengancha. Ese desenganche no es neutral: beneficia a quienes ya están en el poder. Al impedir un vuelco caótico y de último minuto en el voto por correo, la Corte también ayudó a preservar cierto grado de confianza pública en el proceso.
Para las y los progresistas que quieren construir una coalición multirracial y de múltiples clases en favor de la justicia, mantener esa confianza es esencial. Participar es poder.
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Qué puedes hacer y cómo mantenerte informado
Este fallo es una victoria crucial, pero no es el final de la historia. Trump y sus aliados seguirán buscando formas de socavar elecciones justas: a nivel estatal, en las juntas electorales locales y mediante campañas continuas de desinformación. Aquí algunas formas de responder:
1. Conoce tus opciones de voto y compártelas
– Revisa las reglas de tu estado sobre voto por correo, voto anticipado y registro de votantes.
– Confirma los plazos para solicitar y devolver boletas por correo.
– Comparte esta información con amistades, familiares, compañeros de trabajo y miembros de tu comunidad, especialmente con quienes puedan enfrentar barreras para votar en persona.
2. Apoya a las organizaciones en primera línea
Organizaciones progresistas y de derechos civiles están haciendo el trabajo duro de litigio, educación e incidencia. Considera apoyar:
– Coaliciones locales por los derechos de voto en tu estado
– Organizaciones nacionales centradas en la democracia y los derechos civiles
– Grupos de base que movilizan a jóvenes y comunidades de color
El dinero ayuda, pero también el voluntariado, especialmente como trabajador electoral u observador de elecciones.
3. Impulsa reformas proactivas, no solo victorias defensivas
No podemos limitarnos a jugar a la defensiva frente a planes como el de Trump. Las y los progresistas deben seguir impulsando:
– Registro automático y el mismo día de la elección
– Acceso universal al voto por correo y a buzones seguros de entrega de boletas
– Períodos robustos de voto anticipado
– Protecciones sólidas para trabajadores electorales
– Restauración y ampliación de la Ley de Derecho al Voto
Contacta a tus legisladores estatales y a tus representantes en el Congreso. Haz que los derechos de voto sean una prioridad irrenunciable.
4. Mantente informado y amplifica la información confiable
Los medios de derecha presentarán este fallo como un golpe a la “integridad electoral”. Contrarresta eso compartiendo información precisa y reportajes de investigación.
Lee y difunde medios que analicen a fondo el derecho electoral y la política del poder, como Mother Jones, que desmenuzó en detalle el plan de Trump sobre las boletas por correo. Puedes leer su informe completo aquí:
Foto de Moises Gonzalez en Unsplash
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