Durante más de un siglo, los defensores del capitalismo han esgrimido un argumento ya conocido contra el socialismo: “Suena bien, pero es ingenuo respecto a la naturaleza humana”. La idea es que el socialismo parte de que las personas son naturalmente altruistas, que de pronto nos volveremos cooperadores desinteresados en cuanto se sustituya el mercado, y que esa fantasía inevitablemente se estrella contra la realidad de la codicia, el egoísmo y el deseo de poder.
Un nuevo artículo en Jacobin, “Socialists Aren’t Naive About Human Nature”, cuestiona con fuerza esa narrativa —y eso importa ahora mismo. En 2026, estamos viviendo crisis superpuestas de desigualdad, colapso climático y erosión democrática. La cuestión no es solo si el socialismoes deseable, sino si es realista. El artículo sostiene que los socialistas no son utópicos deslumbrados; parten de una visión sobria de los seres humanos y diseñan instituciones para frenar la codicia y la dominación, no para fingir que no existen.
Ese es un cambio de enfoque crucial. Si se entiende el socialismo como un intento serio de estructurar la sociedad en torno a nuestros mejores impulsos mientras se limitan los peores, deja de parecer una fantasía y empieza a verse como una alternativa necesaria frente a un sistema que amplifica activamente el egoísmo.
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Contexto: Cómo la “naturaleza humana” se convirtió en un arma contra el socialismo
La crítica basada en la “naturaleza humana” tiene una larga historia. Desde la propaganda de la Guerra Fría hasta los artículos de opinión actuales, el guion antisosialista es sorprendentemente consistente:
– Las personas son inherentemente egoístas y competitivas.
– Cualquier sistema que dependa de la cooperación y la solidaridad se derrumbará.
– Los mercados, la propiedad privada y la jerarquía son expresiones naturales de los impulsos humanos.
– Los intentos de construir socialismo inevitablemente conducen al autoritarismo porque niegan estas realidades.
Este argumento suele apoyarse en versiones simplificadas de la historia: experimentos socialistas fallidos, caricaturas de la planificación central al estilo soviético y referencias selectivas al comportamiento humano en la psicología evolutiva o la economía. La conclusión es siempre la misma: el capitalismo puede ser imperfecto, pero es el único sistema que “encaja” con lo que realmente somos.
El artículo de Jacobin cuestiona esta imagen señalando algo básico pero a menudo ignorado: el capitalismo no solo refleja la naturaleza humana, también la moldea. Cuando la gente se ve obligada a competir por empleo, vivienda y seguridad básica, se comporta de maneras que pueden parecer egoístas o despiadadas. Pero eso no es una esencia innata: es una respuesta racional a sistemas que premian la codicia y castigan la cooperación.
El artículo también recuerda que los socialistas llevan mucho tiempo lidiando con las realidades de la naturaleza humana. Figuras como Karl Marx, Rosa Luxemburg y pensadores socialistas contemporáneos no suponen que las personas sean ángeles. Reconocen que somos capaces de generosidad y crueldad, de solidaridad y egoísmo, y que cualquier sistema social viable tiene que tener todo eso en cuenta.
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Un análisis progresista: el socialismo como sistema pensado para seres humanos reales
Desde una perspectiva progresista, el punto más importante del texto de Jacobin es que el socialismo no trata de negar la naturaleza humana, sino de diseñar instituciones que:
1. Reduzcan las oportunidades de dominación.
Los socialistas sostienen que cuando un grupo pequeño controla la riqueza, los centros de trabajo y el poder político, utilizará esa posición para explotar a los demás. No porque sea excepcionalmente malvado, sino porque el poder concentrado facilita e incentiva la dominación. El socialismo busca democratizar la toma de decisiones económicas y políticas precisamente para evitar esos abusos previsibles.
2. Alineen los incentivos con la cooperación y el cuidado.
El capitalismo premia sistemáticamente la maximización del beneficio, incluso cuando perjudica a otros. Una empresa que recorta salarios o contamina el medio ambiente puede ser más “competitiva” que otra que trata bien a sus trabajadores y a los ecosistemas. El socialismo pretende invertir esta lógica haciendo del bienestar colectivo y la sostenibilidad el criterio central de éxito, mediante la propiedad pública, una planificación democrática sólida y protecciones sociales robustas.
3. Reconozcan las motivaciones mixtas.
Los socialistas no suponen que la gente actuará siempre por solidaridad. Diseñan sistemas con contrapesos: control de trabajadores y comunidades sobre las empresas, supervisión democrática de las instituciones públicas y transparencia para reducir la corrupción. La idea es dificultar que individuos o grupos conviertan su propio interés en daño sistémico.
4. Fomenten mejores normas sociales sin exigir perfección.
Los seres humanos estamos moldeados por la cultura y las instituciones. Una sociedad que nos enseña que “ganar” significa derrotar a otros y acumular más de lo que necesitamos producirá ciertos tipos de comportamiento. Una sociedad socialista aspira a cultivar normas de cuidado mutuo, pero no depende de que todo el mundo se convierta en santo. Hace que la cooperación sea la opción más fácil y más racional.
El artículo subraya que la verdadera ingenuidad está en la idea de que el capitalismo es de algún modo “natural” y por tanto inevitable. El capitalismo es un sistema históricamente específico, no la expresión de una esencia humana intemporal. Surgió bajo condiciones concretas y se mantiene mediante leyes, políticas y estructuras de poder, no por la biología.
Desde un ángulo progresista, esto importa porque amplía la imaginación política. Si la naturaleza humana no es una excusa fija para la desigualdad y la explotación, entonces podemos preguntarnos: ¿qué tipo de instituciones permitirían que nuestras mejores capacidades —empatía, creatividad, solidaridad— florezcan, mientras se limitan nuestras tendencias a la codicia y la dominación?
Esa es la pregunta socialista.
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Por qué esto importa para la justicia social y los valores progresistas
Para los movimientos de justicia social, el debate sobre la “naturaleza humana” no es filosofía abstracta: es un obstáculo para el cambio. Cuando la gente interioriza la idea de que la desigualdad y la explotación son inevitables, es menos probable que las combata. El artículo de Jacobin es importante porque desafía directamente ese fatalismo.
Esto es lo que está en juego:
1. Legitimidad del cambio transformador.
Si se descarta el socialismo como ingenuo, cualquier esfuerzo serio por democratizar la economía, ampliar los bienes públicos o cuestionar el poder corporativo se presenta como irreal. Mostrar que el socialismo se basa en una visión realista del comportamiento humano da a las reformas progresistas una base intelectual más sólida.
2. Responsabilidad frente a resignación.
Decir “es la naturaleza humana” suele funcionar como una salida moral. Permite que quienes se benefician del statu quo se desentiendan de su responsabilidad. Los socialistas insisten en que las estructuras importan: si construimos sistemas que premian la explotación, no debería sorprendernos que la explotación sea generalizada. Eso no es naturaleza; es diseño.
3. Replantear la moral y la política.
Los progresistas sostienen que la justicia exige algo más que caridad: exige cambiar las reglas. El artículo subraya que los socialistas quieren instituciones que dificulten que unas personas dominen a otras, no simplemente individuos más amables en un sistema injusto. Eso encaja con valores progresistas centrales: igualdad, democracia y la convicción de que todo el mundo merece una vida digna.
4. Una vía realista hacia la solidaridad.
Los movimientos de justicia social dependen de la solidaridad entre razas, clases, géneros y nacionalidades. La idea de que los seres humanos son “demasiado egoístas” para la solidaridad socava ese proyecto. Reconocer que la solidaridad es posible y ya existe —en sindicatos, redes de apoyo mutuo, organización comunitaria— ayuda a reforzar la confianza en que un cambio sistémico más profundo es alcanzable.
Al cuestionar el mito de que el socialismo ignora la naturaleza humana, el texto de Jacobin refuerza la apuesta por una política que toma en serio nuestra complejidad y aun así insiste en que podemos aspirar a algo mejor que un sistema construido sobre la competencia y el lucro.
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Qué puede hacer la gente —y cómo mantenerse informada
Si este debate te importa, hay formas concretas de involucrarte:
1. Infórmate más y comparte el argumento.
Lee el artículo completo de Jacobin para conocer el razonamiento detallado y los ejemplos. Compártelo con amistades, compañeras de trabajo o de estudio que hayan oído la frase de que “el socialismo es ingenuo”. Conversaciones bien pensadas pueden cambiar la forma en que la gente ve lo que es políticamente posible.
2. Apoya organizaciones que encarnan estos principios.
– Únete o apoya organizaciones socialistas democráticas y grupos progresistas que luchan por la democracia económica, los derechos laborales y servicios públicos sólidos.
– Involúcrate en sindicatos o centros de trabajadores que practican la toma de decisiones colectiva y cuestionan la dominación empresarial.
Estos espacios no esperan seres humanos perfectos; construyen estructuras que fomentan la cooperación y la rendición de cuentas.
3. Cuestiona el fatalismo sobre la “naturaleza humana” cuando lo veas.
Cuando alguien diga “no se puede cambiar nada, es la naturaleza humana”, pregunta:
– ¿De qué comportamiento estamos hablando y en qué condiciones?
– ¿Cómo influyen las leyes, las instituciones y los incentivos en esos comportamientos?
No se trata de ganar un debate filosófico; se trata de abrir espacio para imaginar alternativas.
4. Mantente al día a través de medios progresistas.
La cobertura dominante suele tratar el capitalismo como la opción por defecto y el socialismo como una fantasía marginal. Medios progresistas como Jacobin ofrecen análisis que toman en serio tanto las limitaciones humanas como la necesidad de transformación sistémica. Incorporarlos a tu dieta informativa ayuda a contrarrestar la sensación de que “no hay alternativa”.
5. Conecta las ideas con las luchas locales.
La cuestión de la naturaleza humana aparece en conflictos cotidianos: vivienda, sanidad, clima, policía. Cuando políticos bloquean el control de alquileres o la sanidad universal alegando que es “irrealista”, a menudo están colando supuestos sobre de qué somos capaces. Vincular esos problemas locales con el debate más amplio sobre sistemas e incentivos puede fortalecer las campañas por el cambio.
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En un momento en que muchas personas se sienten atrapadas entre una desigualdad creciente y un sistema político que parece incapaz de responder, la idea de que “los socialistas son ingenuos respecto a la naturaleza humana” funciona como una especie de barrera ideológica: ni siquiera intentes construir algo mejor. El artículo de Jacobin ayuda a empujar esa barrera, recordándonos que el socialismo no es una apuesta por la perfección humana, sino una exigencia de instituciones que tomen en serio nuestras fallas y se nieguen a convertirlas en estructuras permanentes de dominación.
Puedes leer el artículo completo aquí:
https://jacobin.com/2026/07/socialism-human-nature-morality
Foto de Mika Baumeister en Unsplash
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