Donald Trump se está volviendo cada vez más desesperado con Irán — y eso debería aterrarnos
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Cuando un expresidente empieza a animar nuevos ataques militares desde la banda, no es solo otro ciclo de noticias: es una bengala de advertencia.
Durante el fin de semana, Estados Unidos reanudó los ataques militares contra Irán por primera vez en un mes. Irán respondió con ataques de represalia contra Emiratos Árabes Unidos y bases estadounidenses en Jordania. Luego, el lunes, el corresponsal de Fox News Trey Yingst informó que Donald Trump le dijo que el gobierno debería ir aún más lejos — intensificando las sanciones y los ataques.
Esto no se trata solo de la obsesión de un hombre con la “fuerza”. Se trata de si Estados Unidos va a redoblar la apuesta por un modelo fracasado y peligroso de política exterior militarizada que ya ha costado cientos de miles de vidas, desestabilizado regiones enteras y drenado recursos de las comunidades dentro del país. Se trata de si se permitirá, una vez más, que figuras mediáticas y operadores políticos nos empujen hacia la guerra sin rendir cuentas.
Importa porque lo que está en juego es enorme: vidas, democracia y el rumbo de la política exterior estadounidense en los próximos años.
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Contexto: Cómo llegamos hasta aquí
Según Mother Jones, la derecha alineada con Trump ha estado presionando ruidosamente al gobierno actual para que sea más agresivo con Irán. Durante el fin de semana, Estados Unidos reanudó los bombardeos contra objetivos iraníes tras una pausa de un mes. Irán respondió atacando Emiratos Árabes Unidos y bases estadounidenses en Jordania — una señal clara de que la escalada no será unilateral.
Luego intervino Trump. En una entrevista con Trey Yingst, de Fox, Trump habría dicho que Estados Unidos debería intensificar tanto la acción militar como las sanciones económicas. Esto es coherente con su postura de siempre: máxima presión, mínima diplomacia y disposición a arriesgar un conflicto más amplio.
Algunos puntos clave de contexto:
– El acuerdo nuclear con Irán funcionaba
El Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) de 2015 restringió de forma significativa el programa nuclear iraní a cambio de alivio de sanciones. Inspectores internacionales verificaron el cumplimiento. Trump se retiró unilateralmente en 2018, restableció sanciones de “máxima presión” y contribuyó a preparar el terreno para la espiral actual.
– Las sanciones no son “presión pacífica”
Las sanciones estadounidenses han golpeado duramente la economía iraní, contribuyendo a la escasez de medicamentos, la inflación de alimentos y una pobreza generalizada. Afectan mucho más a la gente común que a las élites. Cuando Trump pide “más sanciones”, en la práctica está pidiendo un castigo colectivo contra la población civil.
– La región ya está al límite
Oriente Medio sigue tambaleándose tras décadas de intervenciones estadounidenses: Irak, Afganistán, guerras de drones en Yemen y Pakistán, y una larga guerra en la sombra con Irán. Cualquier nueva escalada corre el riesgo de involucrar a actores regionales (Israel, estados del Golfo) y desencadenar potencialmente un conflicto más amplio.
– Figuras mediáticas amplifican el redoble de tambores
Trump no actúa solo. Presentadores de Fox News e influencers de derecha están presentando la escalada como “fuerza” y la diplomacia como “debilidad”. Ese encuadre ayudó a vender la guerra de Irak. Ahora se recicla con un envoltorio ligeramente actualizado.
Todo esto crea una mezcla volátil: un expresidente con historial de romper acuerdos diplomáticos, un ecosistema mediático predispuesto al conflicto y un gobierno presionado para “parecer duro” en año electoral.
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Un análisis progresista: poder, lucro y proyección
Desde una perspectiva progresista, el renovado impulso de Trump sobre Irán no tiene que ver con seguridad. Tiene que ver con ideología, ego e intereses enquistados.
1. El militarismo como estrategia política
Trump siempre ha utilizado la postura agresiva como forma de proyectar fuerza y distraer de fracasos internos. Los llamados a más ataques y sanciones cumplen varios objetivos políticos:
– Movilizar a su base con retórica nacionalista y el discurso de “America First”.
– Desviar la atención mediática de crisis internas, problemas legales o fracasos de gestión.
– Presentar a sus adversarios como débiles por defender la diplomacia o la contención.
No es algo exclusivo de Trump, pero él es especialmente descarado. El discurso de guerra se convierte en mensaje de campaña. Las vidas humanas se convierten en utilería.
2. La zona de confort del aparato de seguridad nacional
Incluso cuando los demócratas están en el poder, existe una enorme presión institucional para responder a cualquier provocación con fuerza. La política exterior progresista —centrada en la diplomacia, el multilateralismo y la seguridad humana— sigue siendo tratada como marginal en muchos círculos de élite.
Los llamados de Trump a la escalada se apoyan en ese sesgo ya existente. Los halcones dentro y fuera del gobierno sostienen que cualquier cosa que no sea presión máxima es apaciguamiento. Eso estrecha el debate político y dificulta que el gobierno explore alternativas sin ser tachado de “blando”.
3. Quién paga y quién se beneficia
Los progresistas insisten en preguntar: ¿quién se beneficia de la confrontación permanente y quién sufre?
– Beneficiarios
– Contratistas de defensa y fabricantes de armas, que ganan con el aumento del gasto militar y las carreras armamentísticas regionales.
– Think tanks y comentaristas alineados con una política exterior belicista, que ganan relevancia y financiación.
– Actores políticos que usan el miedo y el nacionalismo para consolidar poder.
– Víctimas
– Civiles iraníes que viven bajo sanciones asfixiantes y la amenaza de bombardeos.
– Miembros de las fuerzas armadas estadounidenses enviados al peligro en otro conflicto sin un final claro.
– Personas comunes en países vecinos como Jordania y Emiratos Árabes Unidos, ahora expuestas a ataques de represalia.
– Comunidades en Estados Unidos cuyos servicios sociales, infraestructuras e inversiones climáticas quedan relegados frente al presupuesto militar.
Desde este enfoque, la desesperación de Trump respecto a Irán no trata de proteger a los estadounidenses. Trata de reforzar un sistema que usa la guerra como herramienta por defecto y trata a los seres humanos como desechables.
4. La hipocresía de la “fuerza”
Trump y sus aliados presentan la escalada como “mostrar fuerza”. Pero los progresistas sostienen que la verdadera fuerza se ve muy distinta:
– Construir acuerdos diplomáticos duraderos, no destrozarlos por ganancias políticas a corto plazo.
– Apoyar el derecho y las instituciones internacionales, no socavarlos.
– Invertir en construcción de paz, desarrollo y resiliencia climática, no solo en armas.
El enfoque de Trump ya ha hecho a Estados Unidos menos seguro al fomentar la proliferación nuclear, erosionar la confianza y aumentar el riesgo de errores de cálculo. Redoblar esa estrategia con Irán no es fuerza: es inseguridad disfrazada de bravuconería.
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Por qué esto importa para la justicia social y los valores progresistas
La política exterior suele tratarse como algo separado de la justicia social, pero están profundamente conectadas. La postura de Trump sobre Irán amenaza valores progresistas fundamentales:
1. Derechos humanos y el valor de cada vida
Las sanciones y los bombardeos no son herramientas abstractas de política; matan y mutilan. Privan a la gente de atención médica, alimentos y seguridad. Los valores progresistas exigen reconocer el valor igual de las vidas iraníes, jordanas y estadounidenses —y rechazar políticas que tratan a algunas personas como daño colateral.
2. Democracia y rendición de cuentas
Las decisiones de guerra suelen tomarse con escaso debate público y fuerte dependencia de inteligencia clasificada. Cuando figuras mediáticas y políticos impulsan la escalada sin examinar motivos ni consecuencias, cortocircuitan la rendición de cuentas democrática.
Los progresistas sostienen que los grandes giros en política exterior —especialmente los que implican fuerza militar— deben someterse a un debate público robusto, supervisión del Congreso e información honesta. El hostigamiento informal de Trump hacia la guerra desde la banda socava ese proceso.
3. Justicia racial e islamofobia
Las políticas militarizadas hacia Irán y otros países de mayoría musulmana alimentan narrativas internas que deshumanizan a personas musulmanas y de Oriente Medio. Refuerzan estereotipos de violencia inherente y justifican vigilancia, discriminación y odio.
Una postura progresista reconoce que las decisiones de política exterior repercuten dentro del país —afectando a comunidades inmigrantes, libertades civiles y el clima general de racismo y xenofobia.
4. Justicia económica y prioridades
Cada misil lanzado es dinero que no se destina a sanidad, vivienda, acción climática o educación. La confrontación permanente mantiene a Estados Unidos atrapado en un marco presupuestario donde el Pentágono es intocable y la inversión social es negociable.
Para los progresistas, alejarse de la guerra y apostar por la diplomacia no es solo un imperativo moral: es también económico.
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Qué puedes hacer — y cómo mantenerte informado
No hace falta ser experto en política exterior para plantar cara a una escalada peligrosa. Aquí van algunas acciones prácticas:
1. Infórmate más allá de los titulares
Lee reportajes y análisis en profundidad, especialmente de medios dispuestos a cuestionar los relatos oficiales. El artículo de Mother Jones sobre los comentarios de Trump sobre Irán es un buen punto de partida:
https://www.motherjones.com/politics/2026/08/trump-hegseth-bessent-iran-strike-sanctions-jordan-attack/
2. Apoya a organizaciones que defienden la diplomacia y la paz
Grupos como Win Without War, el Friends Committee on National Legislation (FCNL) y el National Iranian American Council (NIAC) trabajan para promover soluciones diplomáticas y oponerse a sanciones amplias que dañan a civiles.
3. Contacta a tus representantes
– Pídeles que se opongan a una mayor escalada militar con Irán.
– Exige supervisión del Congreso sobre cualquier nuevo ataque o sanción.
– Apoya leyes que limiten los poderes de guerra presidenciales y deroguen Autorizaciones para el Uso de la Fuerza Militar (AUMFs) obsoletas.
4. Cuestiona el encuadre mediático
Cuando veas cobertura que presenta la acción militar como la única opción “seria”, responde — en redes sociales, cartas al director y conversaciones. Pregunta: ¿Qué vías diplomáticas se están ignorando? ¿Quién está siendo perjudicado?
5. Conecta la política exterior con la justicia interna
Habla de cómo el gasto militar afecta a los presupuestos locales, las escuelas y las inversiones climáticas. Deja claro que la paz no es un tema de nicho; es central para construir una sociedad justa.
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La creciente desesperación de Trump respecto a Irán no trata solo de la retórica de un hombre. Es una prueba de si hemos aprendido algo de los últimos 25 años de guerras, sanciones y “máxima presión”. Los progresistas tienen una respuesta clara: una seguridad basada en derechos humanos, diplomacia y justicia es más fuerte y sostenible que una seguridad basada en bombas y fanfarronería.
La cuestión es si actuaremos en función de esa respuesta antes de que otra crisis evitable se convierta en otra guerra permanente.
Lee el artículo original de Mother Jones aquí:
https://www.motherjones.com/politics/2026/08/trump-hegseth-bessent-iran-strike-sanctions-jordan-attack/
Foto de Gavyn Alejandro en Unsplash
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