A medida que las protestas contra la vigilancia con IA se extienden por todo el país, una empresa ha incrementado discretamente su gasto político —y no precisamente en la dirección que las personas manifestantes desearían.
Flock Safety, la empresa de rápido crecimiento detrás de los lectores automáticos de matrículas y las cámaras en red impulsadas por IA, está aumentando de forma drástica sus donaciones a poderosas organizaciones que representan a alcaldes y gobernadores, según una nueva investigación de The Intercept. Justo en el momento en que las comunidades se organizan para limitar o prohibir estos sistemas, Flock está inyectando dinero en las asociaciones de los mismos cargos públicos que controlan muchos de sus contratos.
Esto importa porque no es solo la historia de una empresa tecnológica. Es una instantánea de cómo el poder corporativo, la vigilancia con IA y la influencia política están convergiendo a nivel local, a menudo lejos del escrutinio público. Lo que se está decidiendo ahora mismo definirá quién es vigilado, quién es detenido y de quién se recopilan y almacenan datos en nombre de la “seguridad pública” durante los próximos años.
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1. El auge de Flock y la reacción contra las cámaras con IA
En los últimos años, Flock Safety se ha convertido en un actor dominante en la vigilancia local. Sus sistemas —a menudo vendidos como “tecnología para combatir el crimen”— están instalados ya en miles de ciudades, suburbios y vecindarios de Estados Unidos. Las cámaras capturan matrículas y, en ocasiones, otros detalles de los vehículos, luego los cruzan con bases de datos para señalar autos “sospechosos”, rastrear movimientos y compartir datos entre distintas jurisdicciones.
Puntos clave sobre el modelo y el alcance de Flock:
– Contratos locales, red nacional: Las cámaras de Flock suelen ser adquiridas o aprobadas por concejos municipales, departamentos de policía, alcaldías o gobiernos de condado. Pero, una vez instaladas, alimentan una red de intercambio de datos mucho más amplia, a menudo regional o nacional.
– IA y automatización: El sistema automatiza lo que antes era trabajo manual de la policía: escanear matrículas, registrar ubicaciones, generar alertas. Esa automatización amplifica tanto el alcance como los riesgos de la vigilancia.
– Transparencia y supervisión mínimas: Muchas comunidades se han enterado de la existencia de cámaras de Flock solo después de que ya estaban instaladas. Los contratos suelen aprobarse con poco debate, protecciones de privacidad vagas y escasa comprensión pública sobre cuánto tiempo se almacenan los datos o quién puede acceder a ellos.
En respuesta, comunidades de todo el país han empezado a plantar cara:
– Organizaciones de derechos civiles advierten que la vigilancia con IA amplifica el perfilamiento racial, permite el monitoreo masivo de barrios enteros y crea enormes bases de datos propensas a abusos.
– Activistas locales se han organizado para bloquear nuevos contratos, exigir audiencias públicas y presionar por prohibiciones o moratorias sobre lectores automáticos de matrículas y otras herramientas de vigilancia con IA.
– Algunas ciudades han aprobado o propuesto leyes de supervisión de la vigilancia que exigen divulgación pública, evaluaciones de impacto y aprobación del concejo antes de adoptar nuevas tecnologías.
Es en este contexto de creciente resistencia pública que las donaciones políticas de Flock están disparándose.
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2. Las donaciones de Flock a asociaciones de alcaldes y gobernadores
Según The Intercept, Flock Safety ha incrementado de forma drástica sus aportes a organizaciones influyentes que representan a ejecutivos locales y estatales: asociaciones de alcaldes y gobernadores que ejercen un considerable poder blando sobre la orientación de políticas y las normas de contratación pública.
Por qué importan estas organizaciones:
– Moldean el “sentido común” de la gestión local. Estas asociaciones organizan conferencias, paneles y debates de políticas donde se definen las “mejores prácticas”. Si Flock es patrocinador o gran donante, obtiene acceso a quienes toman decisiones y la oportunidad de presentar su tecnología como inevitable, moderna y necesaria.
– Influyen en las tendencias de contratación y políticas. Cuando una asociación de alcaldes o gobernadores respalda un enfoque concreto de “ciudades inteligentes” o “seguridad pública”, eso a menudo se traduce en contratos y presupuestos reales en sus territorios.
– Operan con poca supervisión pública. Estas organizaciones no rinden cuentas directamente ante el electorado. Su financiación, sus eventos y sus gestiones entre bastidores pueden moldear políticas sin la transparencia que se exige a los procesos formales de gobierno.
El momento es clave. A medida que las protestas contra las cámaras con IA se hacen más fuertes, Flock está invirtiendo en las mismas redes que pueden ayudarle a mantener y ampliar su presencia, incluso cuando residentes locales exigen lo contrario.
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3. Un análisis progresista: el poder corporativo se cruza con la policía impulsada por IA
Desde una perspectiva progresista, esto no trata solo de financiación electoral o de la estrategia de cabildeo de una empresa. Trata de cómo se está reconfigurando el poder estructural en la era de la IA.
A. Vigilancia privatizada, consecuencias públicas
Las cámaras de Flock difuminan la línea entre poder público y privado. Una empresa instala y mantiene el sistema, pero lo utiliza la policía y lo padece la población. Eso genera varios problemas:
– Se debilita la rendición de cuentas democrática. Las empresas no están sujetas a los mismos requisitos de transparencia, acceso a la información ni supervisión pública que las agencias gubernamentales.
– El lucro condiciona la actuación policial. El incentivo es vender más cámaras, ampliar el intercambio de datos y normalizar la vigilancia constante, no reducir la huella policial ni abordar las causas de fondo del daño.
– Las comunidades cargan con los riesgos. Si los datos se manejan mal, se abusan o se filtran, son las personas residentes —especialmente las más marginadas— quienes pagan el precio.
B. La vigilancia con IA amplifica desigualdades existentes
Los sistemas impulsados por IA no surgen en el vacío. Operan en un contexto de prácticas policiales racializadas, desigualdad económica y criminalización de la pobreza.
– Las comunidades sobrevigiladas son las ya sobrepoliciadas. Las cámaras de Flock suelen concentrarse en barrios que ya sufren una fuerte presencia policial, convirtiéndolos en zonas ricas en datos para la aplicación de la ley y el monitoreo.
– Los errores no son neutrales. Alertas falsas o identificaciones erróneas pueden derivar en detenciones, registros y arrestos que afectan de forma desproporcionada a personas negras, latinas y de bajos ingresos.
– Los datos pueden reutilizarse. Incluso si las cámaras se venden como herramientas contra “delitos graves”, los datos que recogen pueden usarse después para rastrear protestas, perseguir a personas migrantes o colaborar en investigaciones relacionadas con el aborto en lugares donde se criminalizan los derechos reproductivos.
C. El dinero como escudo frente a la reacción pública
Las donaciones de Flock a asociaciones de alcaldes y gobernadores forman parte de un patrón más amplio: cuando la gente se opone a tecnologías dañinas, las corporaciones responden reforzando sus relaciones políticas.
En lugar de responder a las preocupaciones comunitarias con transparencia, auditorías independientes o salvaguardas más fuertes, Flock está:
– Invirtiendo en acceso a las élites en vez de en rendición de cuentas desde abajo.
– Influyendo en el entorno normativo donde la vigilancia se presenta como innovación y la disidencia se descarta como “antitecnológica” o “blanda con el crimen”.
– Creando un colchón entre la indignación pública y quienes realmente toman decisiones, al incrustarse en las redes que marcan la agenda de los liderazgos locales.
Así funciona la captura corporativa en la era de la IA: no solo a través de cabildeo directo, sino mediante patrocinios, conferencias, “alianzas” de políticas y donaciones que normalizan una visión concreta del futuro: una en la que la recopilación constante de datos es la norma.
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4. Lo que está en juego para la justicia social y los valores progresistas
Para el progresismo, la historia de Flock es una clara señal de alarma sobre la dirección de las políticas de “ciudades inteligentes” y “seguridad pública”.
Libertades civiles y derecho a la disidencia
Las cámaras ubicuas y los lectores de matrículas no solo rastrean a “delincuentes”; rastrean a todo el mundo. Eso tiene efectos inhibidores:
– La gente puede pensárselo dos veces antes de acudir a protestas, visitar una clínica o reunirse con personas organizadoras si sabe que sus movimientos quedan registrados y son consultables.
– La policía y otras agencias pueden construir discretamente expedientes sobre activistas, periodistas y líderes comunitarios usando datos rutinarios recopilados por una infraestructura supuestamente “neutral”.
Una sociedad en la que no puedes moverte libremente sin ser rastreado es, en esencia, incompatible con una participación democrática robusta.
Justicia racial y actuación policial
La tecnología de Flock se conecta directamente con sistemas policiales que ya producen disparidades raciales. Sin salvaguardas sólidas y control democrático, la vigilancia con IA:
– Refuerza y automatiza patrones sesgados de aplicación de la ley.
– Dificulta revertir la sobrepresencia policial, porque los “datos” parecen justificar más patrullas y más vigilancia en ciertos barrios.
– Corre el riesgo de convertirse en una infraestructura permanente de control racializado, incluso si cambian los liderazgos políticos.
Justicia económica y poder corporativo
La estrategia de donaciones de Flock pone de relieve cómo las empresas tecnológicas están moldeando políticas públicas que priorizan el beneficio privado por encima de las necesidades comunitarias:
– Dinero público que podría destinarse a vivienda, salud mental, programas de interrupción de la violencia o servicios para jóvenes se gasta en hardware y software de vigilancia.
– Las empresas tecnológicas obtienen fuentes de ingresos a largo plazo y control propietario sobre infraestructuras críticas, mientras el sector público asume el riesgo y la dependencia.
Los valores progresistas exigen que la seguridad pública se defina por el bienestar comunitario, no por la eficiencia con la que podemos rastrear y señalar los movimientos de las personas.
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5. Qué puede hacer la gente — y cómo mantenerse informada
Nada de esto es inevitable. Las comunidades ya han demostrado que la resistencia organizada puede frenar o detener proyectos de vigilancia dañinos. Aquí van algunos pasos concretos:
A nivel local
1. Averigua si tu ciudad o condado usa Flock u otros sistemas similares.
– Revisa las agendas del concejo municipal, las webs del departamento de policía o la prensa local.
– Presenta solicitudes de acceso a la información si es necesario.
2. Impulsa leyes de supervisión de la vigilancia.
– Defiende ordenanzas que exijan:
– Aviso público y audiencias antes de adoptar nueva tecnología de vigilancia.
– Informes detallados de impacto en vigilancia.
– Auditorías independientes y límites estrictos de retención de datos.
– Votaciones periódicas de renovación en lugar de contratos indefinidos.
3. Organízate con coaliciones locales.
– Únete o apoya a grupos que trabajan en libertades civiles, justicia racial o rendición de cuentas policial.
– Conecta la lucha contra las cámaras con IA con campañas más amplias sobre policía, vivienda e inversión pública.
4. Exige transparencia a alcaldes y gobernadores.
– Pregunta a la oficina de tu alcalde o gobernador si ellos o sus asociaciones reciben donaciones o patrocinios de Flock u otras empresas similares.
– Presiónales para que adopten políticas que rechacen dinero corporativo que entre en conflicto con la seguridad comunitaria y los derechos civiles.
A nivel nacional y de movimiento
1. Apoya a organizaciones que desafían la vigilancia.
Grupos como la ACLU, la Electronic Frontier Foundation (EFF), Fight for the Future y coaliciones de base locales están siguiendo estos desarrollos y plantando cara.
2. Conecta la vigilancia con IA con el trabajo más amplio por la justicia tecnológica.
– Las campañas por prohibir el reconocimiento facial, la privacidad de datos y la rendición de cuentas algorítmica forman parte de la misma lucha.
3. Mantente informado y comparte información.
– Lee investigaciones como la cobertura de The Intercept.
– Comparte estas historias en tus redes para que la gente entienda que las cámaras “inteligentes” no son artilugios neutros: son decisiones políticas.
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La historia del aumento de las donaciones de Flock a asociaciones de alcaldes y gobernadores recuerda que el futuro de la IA y la actuación policial se está negociando ahora mismo, a menudo a puerta cerrada. Las personas progresistas tienen un papel crucial que desempeñar para insistir en que la seguridad pública se base en la justicia, no en la vigilancia, y en que las decisiones sobre tecnologías poderosas las tomen comunidades informadas, no cheques corporativos.
Puedes leer la investigación completa aquí:
https://theintercept.com/2026/09/04/flock-camera-surveillance-protest-donations/
Foto de Rad Pozniakov en Unsplash
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