Cuando los liberales repiten al extremo derecha: lo que la crisis fronteriza de Ceuta revela sobre el debate migratorio en Europa
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Ante la urgencia de responder al auge del nacionalismo de extrema derecha, muchas instituciones liberales aseguran que están defendiendo la democracia y los derechos humanos. Pero en el extremo sur de Europa —en la ciudad española de Ceuta, en la costa marroquí— está ocurriendo algo inquietante. Como cuenta The Intercept en «Liberals Are Ceding Ground to the Far Right on Ceuta Border Crossings», incluso medios generalistas y responsables de la UE que dicen combatir la xenofobia están aceptando cada vez más las premisas centrales antiinmigración de la derecha.
Y esto importa mucho más allá de las fronteras españolas. Ceuta es un laboratorio de cómo Europa va a tratar a refugiados y personas migrantes en una época de crisis climática, guerras y desigualdad económica, y de si la clase política y los medios liberales van a defender la dignidad humana o a normalizar silenciosamente un modelo de exclusión tipo fortaleza.
1. Ceuta, migración y la política del miedo: lo esencial
Ceuta es una pequeña ciudad española en la costa norte de África, una de las dos plazas españolas (junto con Melilla) que hacen frontera con Marruecos. Estos territorios no son solo anomalías geográficas; son la materialización física de la frontera exterior de Europa, con vallas altas, sistemas de vigilancia y pasos fronterizos fuertemente controlados.
En los últimos años, Ceuta ha aparecido periódicamente en los titulares internacionales cuando grandes grupos de personas —en su mayoría de África subsahariana, pero también de Marruecos y otras regiones— intentan entrar en la ciudad. Algunas rodean los espigones a nado; otras tratan de saltar las vallas o pasar por los puestos oficiales. Muchas huyen de la pobreza, la inestabilidad política o la violencia. Algunas buscan asilo. Otras esperan continuar hacia la península y el resto de la UE.
Cada aumento en los cruces suele desencadenar un ciclo ya conocido:
– Los partidos y tertulianos de extrema derecha presentan la situación como una «invasión» o un «ataque» a Europa.
– Exigen controles fronterizos más duros, respuestas militarizadas y expulsiones masivas.
– Políticos e instituciones liberales responden insistiendo en que la situación está «bajo control» y que España y la UE gestionan la frontera de forma «responsable y humana».
Pero, como muestra el artículo de The Intercept, esas defensas liberales aceptan cada vez más el marco básico de la extrema derecha: que las personas migrantes en Ceuta son una amenaza, que su presencia debe reducirse al mínimo y que el objetivo principal es proteger las fronteras europeas, no las vidas humanas.
2. Cómo los liberales repiten las premisas de la extrema derecha
El texto señala un patrón en la cobertura de los medios generalistas y en los comunicados oficiales de la UE: en lugar de cuestionar los relatos antiinmigración, las voces liberales tienden a validarlos con un lenguaje más suave.
Algunos temas recurrentes:
1. Un enfoque centrado en la seguridad.
Las informaciones enfatizan la «seguridad fronteriza», la «estabilidad» y el «orden», presentando a menudo los cruces como una crisis que hay que contener más que como una situación humanitaria que hay que abordar. Incluso cuando rechazan la retórica abiertamente racista, los actores liberales siguen tratando la migración como un problema de seguridad.
2. Las cifras como amenaza.
Las figuras de extrema derecha usan grandes números para alimentar el miedo: «miles entrando a la vez», «oleadas», «avalanchas». Los comentaristas liberales pueden ridiculizar las alarmas más exageradas, pero siguen describiendo a las personas migrantes en términos de «picos» y «presión», reforzando la idea de que más gente equivale automáticamente a peligro.
3. Legitimar la disuasión.
La UE y el Gobierno español subrayan con frecuencia las medidas para «desincentivar los cruces irregulares», como más patrullas, una cooperación más estrecha con las fuerzas de seguridad marroquíes y deportaciones más rápidas. Estas políticas se presentan como pragmáticas, necesarias e incluso compasivas, como si impedir la entrada fuera, en realidad, lo mejor para quienes intentan cruzar.
4. Silencio sobre las causas de fondo.
El foco se mantiene en gestionar la frontera, no en abordar por qué la gente se mueve: los legados coloniales, las políticas comerciales que debilitan las economías africanas, los impactos climáticos, las guerras en las que los países occidentales suelen estar implicados. Al ignorar estos factores, los liberales refuerzan sin querer la idea de que migrar es una decisión irracional u oportunista.
El resultado es un espacio político en el que la extrema derecha marca los términos del debate y los liberales se limitan a jugar a la defensiva dentro de esos límites. En lugar de cuestionar si las fronteras deben imponerse con fuerza letal o si la disuasión es compatible con los derechos humanos, se limitan a argumentar que su forma de aplicar estas políticas es más «responsable» que la de la derecha.
3. Un análisis progresista: lo que realmente está en juego en Ceuta
Desde una perspectiva progresista, Ceuta no es solo un reto de gestión fronteriza; es una encrucijada moral y política.
Seres humanos frente a «flujos» abstractos.
Cuando se describe a las personas migrantes como «flujos», «oleadas» o «presiones», su individualidad desaparece. Dejamos de escuchar la historia del adolescente que huye del reclutamiento forzoso, de la madre que escapa de la violencia de género, del agricultor desplazado por la sequía. El análisis progresista insiste en recuperar esa dimensión humana y en reconocer la migración como una estrategia de supervivencia, no como un delito.
La violencia fronteriza no es neutral.
Las vallas, las concertinas y las patrullas en torno a Ceuta no son solo «infraestructura». Representan una decisión consciente de proteger la movilidad de quienes tienen más recursos mientras se restringe la de quienes tienen menos. Hay personas que han muerto intentando cruzar, ahogadas en el mar, o que han sufrido heridas graves por las barreras fronterizas y la actuación policial. Cuando los liberales defienden estos sistemas en nombre del «orden», normalizan una jerarquía sobre qué vidas merecen protección.
La externalización de las fronteras europeas.
La UE externaliza cada vez más el control de sus fronteras a países vecinos —Marruecos, Libia, Turquía— mediante financiación y acuerdos políticos, a menudo con regímenes que tienen un historial deficiente en derechos humanos. Ceuta es una primera línea de esta estrategia. Las voces críticas progresistas sostienen que es una forma de que Europa se distancie de los abusos cometidos en su nombre, mientras sigue beneficiándose de la reducción de llegadas.
La peligrosa lógica de «buenos» y «malos» migrantes.
El discurso liberal suele distinguir entre «refugiados», supuestamente merecedores de protección, y «migrantes económicos», que no lo serían. En la práctica, las experiencias de las personas no encajan en categorías tan rígidas: el cambio climático, los conflictos y la pobreza están entrelazados. Aceptar la idea de que algunas vidas son menos dignas de protección simplemente porque su sufrimiento no encaja en una definición jurídica estrecha alimenta la lógica deshumanizadora de la derecha.
4. Por qué esto importa para la justicia social y los valores progresistas
Para quienes están comprometidos con la justicia social, la historia de Ceuta plantea preguntas fundamentales:
¿De quién cuenta la libertad de movimiento?
Las personas con ciudadanía de países de la UE disfrutan de amplios derechos para vivir, trabajar y viajar a través de fronteras. Muchas de las personas que intentan entrar en Ceuta proceden de países cuyas economías han sido moldeadas —y a menudo dañadas— por políticas europeas, desde industrias extractivas hasta acuerdos comerciales desiguales. Los valores progresistas exigen que afrontemos este desequilibrio en lugar de aceptar sin más que algunas personas se queden fuera.
Justicia racial y legado colonial europeo.
Ceuta en sí misma es un vestigio de la expansión colonial española. El hecho de que personas migrantes negras y racializadas se encuentren con fronteras militarizadas en un enclave colonial no es casualidad; refleja una larga historia de control racializado de la movilidad. Cuando los liberales defienden los regímenes fronterizos actuales sin reconocer esta historia, contribuyen a perpetuar el racismo estructural.
Democracia frente a autoritarismo.
Los movimientos de extrema derecha en toda Europa utilizan el miedo a la inmigración para socavar las normas democráticas y justificar medidas autoritarias: más poderes para la policía, recortes en el derecho de asilo, ataques a la sociedad civil. Si los liberales aceptan la premisa de fondo de que las personas migrantes son una amenaza, corren el riesgo de legitimar las mismas herramientas que la extrema derecha utilizará después contra otros grupos marginados.
Los derechos humanos son universales, o no lo son.
La política progresista se basa en la idea de que los derechos humanos pertenecen a todas las personas, no solo a quienes tienen ciudadanía en Estados ricos. La forma en que se gestiona Ceuta es una prueba de fuego: ¿tratamos los derechos como algo condicionado por la nacionalidad y el pasaporte, o como algo inherente a todo ser humano? Ceder terreno aquí significa erosionar la universalidad de los derechos en todas partes.
5. Qué puede hacer la gente y cómo mantenerse informada
No hace falta vivir en España ni trabajar en políticas migratorias para implicarse en lo que ocurre en Ceuta. Hay pasos concretos que pueden dar las personas y los movimientos:
1. Cuestionar el marco en tu propio consumo de medios.
Al leer o ver información sobre migración:
– Fíjate en el lenguaje que deshumaniza («oleadas», «avalanchas», «crisis») y trata de reformularlo mentalmente en términos de personas e historias.
– Busca fuentes que den protagonismo a las voces migrantes y a la información sobre el terreno, y no solo a los comunicados oficiales.
Comparte artículos que analicen críticamente las políticas fronterizas y que pongan el foco en las experiencias humanas, como el texto de The Intercept.
2. Apoyar a organizaciones que trabajan por los derechos de las personas migrantes.
Muchas ONG y colectivos de base ofrecen asistencia jurídica, labores de rescate y trabajo de incidencia en favor de las personas migrantes en las fronteras europeas. Apoyarlas con donaciones, voluntariado o difundiendo su trabajo refuerza un contrapeso frente a los relatos centrados en la seguridad.
3. Impulsar debates políticos progresistas.
Si vives en la UE o en España:
– Contacta con tus representantes sobre la política de asilo, las misiones de búsqueda y rescate y los acuerdos de externalización de fronteras.
– Súmate o apoya campañas que reclamen vías seguras y legales para migrar, sistemas de asilo sólidos y mecanismos de rendición de cuentas por los abusos en las fronteras.
4. Conectar la justicia migratoria con otras luchas.
Relaciona lo que ocurre en Ceuta con cuestiones más amplias: justicia climática, antirracismo, activismo contra la guerra, derechos laborales. La justicia para las personas migrantes no es un tema aislado; se cruza con muchas causas progresistas.
5. Mantenerse informada a través de periodismo crítico.
La cobertura de los grandes medios suele reflejar los relatos oficiales. Los medios independientes y el periodismo de investigación son clave para mostrar lo que realmente ocurre en las fronteras. Leer y compartir análisis como el de The Intercept ayuda a desplazar el debate público del miedo hacia la solidaridad.
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Ceuta es mucho más que un punto en el mapa o un titular sobre «tensiones fronterizas». Es un lugar donde las promesas europeas de derechos humanos y democracia liberal se ponen a prueba y, demasiadas veces, no se cumplen. Cuando los liberales adoptan las premisas básicas de la extrema derecha sobre migración, no solo pierden un debate; contribuyen a consolidar un sistema que trata algunas vidas como desechables.
La política progresista exige algo más: una revisión honesta de la historia, un compromiso real con la universalidad de los derechos y la negativa a aceptar que la seguridad solo puede lograrse cerrando la puerta precisamente a quienes más necesitan protección. Lo que ocurra en Ceuta influirá en cómo Europa, y el mundo en general, responde a los movimientos de personas en un siglo marcado por la crisis. Las consecuencias no podrían ser más importantes.
Lee el artículo original aquí:
https://theintercept.com/2026/08/03/ceuta-spain-morocco-refugee-border/
Foto de New York Said en Unsplash
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